Vicente Gómez García

Biografía larga

Por Josep-Marí Gómez Lozano

Vicente Gómez García nació el 11 de noviembre de 1926 en el seno de una familia modesta domiciliada, seguramente, en la actual calle Enrique Olmos nº 61, cerca de la popular plaza de Patraix pasada la vía del tren (cuyo trayecto hoy día es la avenida de Tres Forques) y cerca también del palacio de Pontons (desaparecido en la actualidad). Patraix en aquella época era un barrio periférico del extrarradio de Valencia que todavía conservaba consciencia de “pueblo”, hasta el punto que sus habitantes cuando iban al centro de la ciudad decían que iban a Valencia, como entendiendo que ellos no lo estaban realmente.

Detalle de la zona de Patraix (hoja 52 IV o inferior derecha) del Plano del Término Municipal de Valencia (1929-1944), de la Dirección General del Instituto Cartográfico y  Catastral (director Alfredo Cabañes Marzal)2 y fotografía del inmueble donde seguramente nació Vicente Gómez3

Su padre, Vicente Gómez Martínez, natural de Segorbe, trabajaba en una fábrica de armónicas y acordeones, incluyendo en su tarea la afinación de estos últimos y de pianos, y también se dedicaba a realizar otros trabajos, y su madre, Marina García Llorens, natural de Alcoy, ejercía las labores domésticas propias de la casa. El matrimonio tuvo tres hijos, siendo Vicente el tercero de ellos después de sus dos hermanas Marina y Carmen.

La vida trascurría plácida y tranquila en el arrabal de Patraix a pesar de la modestia económica familiar, y el pequeño Vicentico, el hijo varón de la familia, jugaba por la huerta con sus amigos entre lechugas, patatas y hortalizas, y llegado el fin de semana se apresuraba a ayudar a su padre con los útiles de la pesca para irse con él a coger carpas, llisses (mújoles) y anguilas a los canales del marjal de la Albufera que ellos solían frecuentar, y también al río. Una afición que además de servir de entretenimiento y distracción para ambos, ayudaba a mitigar la deficitaria dieta familiar de su casa.

Reunión familiar con amigos de los padres de Vicente Gómez, probablemente en la playa de la Malvarrosa, dispuestos para ser fotografiados circa 1932. El pequeño Vicentico es el segundo por la derecha del grupo de niños situados en el plano inferior. En la segunda fila por la derecha, la primera y tercera persona son sus hermanas Marina y Carmen. En la tercera fila su  madre es la tercera por la derecha. Y en la última fila, su padre es el segundo por la derecha. Fotografía de autor anónimo

Pero al estallar la Guerra Civil, lo que era más bien un entretenimiento útil de padre e hijo, ante la falta de recursos y, a pesar del peligro que, a veces, suponía ser ametrallados por los aviones del bando nacional que merodeaban por Valencia y alrededores, se transformó en un asunto de vital importancia para el sustento de la familia ya que la pesca de ese día era intercambiada por huevos, pan y otros alimentos necesarios de los que carecían. Esa afición a la pesca, seguramente potenciada por los recuerdos infantiles, no la abandonará jamás y pasados los años, cuando Vicente Gómez ya era padre de familia, repetirá la misma acción con sus hijos Vicente y Josep-Marí, con los que volverá a pescar al Tremolar y a otras acequias de la Albufera, incluso cuando estos ya habían constituido su propia familia. Pero ahora ya no iba a pescar por necesidad sino por pura distracción y evasión de las tareas diarias.

Aunque su padre, Vicente Gómez Martínez, antes de estallar la Guerra Civil era simpatizante del Partido Radical Socialista (o Partido Republicano Radical Socialista) y en la mesa, a veces, se explayaba contando algunos de los sucesos políticos que ocurrieron durante la II República y el posterior golpe de estado, ni él ni su familia sufrieron represalia alguna durante la posguerra. La fortuna hizo que, pese a la persecución política desatada por los vencedores sobre los vencidos, y la confirmación hecha por un vecino de que sus padres eran partidarios de la República, esta persona testimoniara también que, a pesar de todo, eran buenas personas. Esta declaración facilitó que nunca les tocaran, pero de igual modo sirvió para ficharlos y para que su padre recibiera informes poco favorables a la hora de buscar trabajo. Probablemente, debido a esos antecedentes republicanos y, sobre todo, a su pensamiento agnóstico y progresista, algunos años después, tal vez cuando iba a estudiar Bellas Artes –tal como contó a algunos de sus hijos–, Vicente Gómez tuvo que renunciar a una beca o ayuda para los estudios. El cura párroco de Patraix no quiso hacerle un informe de buena conducta preceptivo para poder optar a dicha subvención. Compaginando el trabajo y su formación educativa, evadiendo la censura seguía la evolución de la Segunda Guerra Mundial a través de la BBC cuando emitía en castellano, lo que le sirvió para aprender geografía. Aunque nunca militó en ningún partido político ese talante de izquierdas y republicano lo mantuvo durante toda su vida y procuró insuflarlo a sus hijos.

Reunión familiar después de la paella, ca. 1944. Fotografía anónima. En la primera fila, por la derecha su padre, su cuñado Paco, Vicente y su cuñado José. En la segunda fila por la derecha la tercera persona es su hermana Carmen, la cuarta su madre y la séptima su hermana Marina

Siendo un chiquillo fue a la escuela donde recibió una cultura general media que le capacitó para ejercer un trabajo manual y poder ganarse la vida. Durante esos años de formación Vicente Gómez, al igual que sus compañeros de estudios, se vieron obligados a realizar, de vez en cuando, ejercicios espirituales para satisfacer el ardor ultracatólico imperante en aquella España autárquica y “nacionalcatólica”. De bien joven se sintió atraído por la pintura y las Bellas Artes, y cuando entró de ebanista en una fábrica donde tuvo que desarrollar su habilidad para dibujar y tallar numerosos perfiles de molduras, y familiarizarse con el dibujo, esa afición se transformó en pasión. Fue entonces cuando decidió presentarse a las clases de dibujo que daba Adolfo Ferrer Amblar, profesor titular de Dibujo del Natural de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia como preparación para entrar en dicho centro. Unas clases que daba en su casa estudio de la calle Moro Zeit, cerca de la confluencia entre la calle Caballeros y Quart de esta ciudad. Pasado algún tiempo combinando el trabajo y la pintura, tras superar el preceptivo examen de ingreso en 1946, entró en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia donde estudió la especialidad de Pintura. Pese a que los certificados emitidos por algunos profesores suyos como Felipe Mª Garín Ortiz de Taranco y Luis Roig d’Alós elogiaban sus calificaciones o su rendimiento, lo bien cierto es que Vicente Gómez no era un alumno brillante, por lo que a sus notas se refiere. En efecto, en la práctica totalidad de las papeletas de sus calificaciones (casi todas conservadas en su archivo personal), la valoración dada por cada profesor en su asignatura correspondiente era “aprobado”4. En la Escuela trabó amistad con sus compañeros de estudios con los que después realizó numerosas actividades artísticas, y una vez concluida la carrera obtuvo el título de Profesor de Dibujo en 1952. Aunque lo normal era que hubiera acabado Bellas Artes en 1951 ya que la titulación eran 5 años, parece ser que el último curso lo realizó en dos años, pues hay constancia documental5 que durante el curso académico 1951-1952 todavía siguió haciendo prácticas de dibujo en primera y segunda enseñanza en dos colegios de Valencia, tal como lo hizo en el curso anterior. Lo que resulta más sorprendente es que también realizó prácticas de dibujo en dos centros públicos durante el año 1949-19506.

Vicente Gómez (el segundo por la derecha) paseando por Valencia con unos compañeros de Bellas Artes, ca. 1948. Fotografía anónima

Vicente Gómez en 1951 a la edad de 25 años

A la miseria económica de una sociedad que todavía estaba saliendo de la posguerra –estamos hablando de mediados de la década de los 40, cuando Vicente Gómez entra en Bellas Artes en 1946–, se le unía también la miseria cultural de una época que no veía con buenos ojos a alguien que no hiciera un trabajo socialmente productivo y reconocido. Eran tiempos muy difíciles, y en aquel entonces estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes era más una aventura personal vocacional, que una preparación para ejercer una profesión, ya que, en realidad, la carrera como tal no tenía en la práctica salida alguna. El bedel de la Escuela, que era un guardia civil retirado, decía a los alumnos que finalizaban la carrera: chico, ya has acabado y ahora qué vas a hacer. Es decir, para qué has estudiado esta carrera que no te va a servir para poder ganarte la vida. Y no le faltaba razón a aquel hombre, porque intentar vivir de la pintura o de la escultura era absolutamente imposible.

Finalizada la carrera en la especialidad de pintura, amplió estudios de Bellas Artes matriculándose el año académico 1952-1953 en la sección de Restauración7, y concretamente en la asignatura de Restauración de Pintura de 1º curso8. Al mismo tiempo emprendió estudios en la Escuela Práctica de Cerámica de Manises (Valencia) donde se matriculó también como alumno en el curso 1952-19539. Durante este período académico simultaneó ambos estudios en la medida de sus posibilidades, procurando alcanzar en esta segunda disciplina la formación que precisaba para llevar a cabo algunos proyectos que posteriormente desarrollará, especialmente en 1961, año en que realizó distintas pruebas en el campo de la cerámica, aunque no ha llegado hasta nuestros días ninguno de los ensayos que realizó en esta materia10. Posteriormente, al finalizar la década de los años sesenta, cuando la producción de pintura comercial alcanzaba su cénit, y nuestro pintor tenía una gran demanda de este tipo de obras, y empezaba a desarrollar de una manera continua su pintura más artística (especialmente paisajes), todo lo cual le ocupaba completamente la jornada laboral, cesó toda actividad asociada a la cerámica, no volviendo a realizar trabajo alguno relacionado con ella.

Tras sucesivas prórrogas de estudios, en los últimos años de carrera compatibilizó su aprendizaje en la Escuela Superior de Bellas Artes con la Instrucción Premilitar Superior o Milicias Universitarias, de manera que durante el período académico estudiaba Bellas Artes y Cerámica y en el período estival cumplía con el servicio militar. Acabada la capacitación militar en el Centro de Instrucción de Reclutas del campamento de Montejaque en Ronda (Málaga) en 1953, fue ascendido a Sargento de Complemento de Ingenieros y destinado al Batallón de Transmisiones del Cuerpo del Ejército III en el cuartel de Ingenieros de Valencia donde se licenció del servició militar en 1954.

Fotografía anónima del 19 de agosto de 1953 en el campamento de Montejaque en Ronda. Vicente Gómez es el segundo por la izquierda de cuclillas

A partir del tercer año de Bellas Artes y en el transcurso de los últimos cursos de esta Escuela contribuyó, como miembro fundador, a la constitución del grupo Los Siete. Formado inicialmente por Juan Genovés, Vicente Castellano, Vicente Gómez, Vicente Fillol, Juan Bautista Llorens, Ricardo Hueso y José Masiá, posteriormente, tras retirarse Masià, Fillol y Genovés, se incorporaron respectivamente Joaquín Michavila, Ángeles Ballester y Eusebio Sempere. Los Siete realizaron diversas exposiciones a lo largo de los años 1950, 1951, 1953 y 1954, año en que se disolvió el grupo.

En aquella época Vicente Gómez era una persona muy sociable que tenía en gran estima a sus amigos y compañeros de estudios, con los que quedaba asiduamente cuando era estudiante de Bellas Artes. En efecto, el grupo Los Siete, además de ser una agrupación artística utilizada como plataforma de expresión de sus inquietudes culturales, servía como nexo de unión y como lugar de encuentro entre amigos. Por entonces Vicente ya frecuentaba las salas de exposiciones y las actividades relacionadas con el mundo de las Bellas Artes, y así seguirá haciéndolo durante las décadas siguientes como demuestra la abundante colección de dípticos y trípticos (folletos de catálogos) de las numerosas exposiciones que visitó y recopiló durante la mayor parte de su actividad artística, especialmente entre los años setenta, década en la que proliferaron las galerías de arte11.

Fotografía de Pérez Aparisi, probablemente de 1954 en la Sala Braulio, de una exposición del grupo Los Siete. De izquierda a derecha, Vicente Gómez, Eusebio Sempere, Ángeles Ballester, Joaquín Michavila y Juan Bautista Llorens

Aunque en aquel momento era anormal hacer huelgas, se hicieron protestas por el absentismo manifiesto del catedrático Rafael Sanchis Yago, que obligaba a sus compañeros a tener que dar sus clases, lo que originó que los mismos profesores alentaran a los alumnos para que protestaran con la idea de que la autoridad se diera por enterado y subsanase el problema12. Toda la dinámica actividad artística del grupo, comenzada en la misma Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos y tascas de los alrededores, fue regularizándose con el tiempo en las tertulias del Café La Lonja y después en la Cafetería Lara.

Así trascurrió por espacio de algunos años hasta que finalmente –como suele ocurrir–, las desavenencias, los personalismos y, sobre todo, el comienzo de una nueva vida por parte de cada uno de los miembros de Los Siete (finalización de los estudios y comienzo de la actividad laboral, cambios de residencia, bodas, etc.) acabó con el grupo. A pesar de todo, Vicente Gómez mantuvo la amistad con todos sus compañeros, si bien mucho más con unos que con otros, ya que algunos de ellos se fueron a vivir fuera de Valencia, incluso al extranjero. Aunque ya no quedaban como antaño, con algunos de aquellos amigos continuaba manteniendo una relación más o menos esporádica según se lo permitía el trabajo y la familia. De todos ellos, con quien tuvo más afinidad y mantuvo una relación más estable fue con Vicente Mir y con Llorens Riera, que –como él mismo comentaba–, era más decorador que pintor. Juan Bautista Llorens era un hombre pragmático y buen comerciante (en este sentido bastante antagónico a Vicente Gómez) que regentó una papelería y tienda de artículos de Bellas Artes situada en la calle Concordia del barrio del Carmen, de la que tomó el nombre, Concordia.

Como casi todos los alumnos que acababan Bellas Artes, nuestro pintor intentó ir a París a través de una beca de 8000 francos franceses que se concedía en calidad de turistas a los alumnos licenciados para ampliar estudios en la capital francesa13. Después de estar en Madrid junto con Llorens Riera y Vicente Mir esperando 4 o 5 meses que llegara la carta de Valencia concediéndoles el dinero para el viaje, una especie de salvoconducto para poder ir a París, se tuvieron que volver a casa porque el dinero no llegó. Parece ser que el personaje que dirigía este asunto se fue de juerga y se lo gastó todo14. La “romántica” idea de poder entrar en el mundillo parisino e intentar hacerse un hueco en el que poder subsistir como pintor, se desvaneció para siempre, y la vuelta a Valencia resultó bastante deprimente. Nada más llegar a la ciudad del Turia, los padres de Vicente, viendo su manifiesta delgadez y mal aspecto, debido, sin duda, a las privaciones que tuvo que pasar durante su estancia en Madrid, lo llevaron al médico preocupados por su estado de salud. Y así acabó su frustrada aventura parisina.

En 1955 participó en un concurso organizado por la Casa de América de Valencia (The Foreign Service of the United States of America), una exhibición colectiva de pinturas, en la que fue premiada con 500 pesetas su obra titulada Hermandad de Razas.

Vicente Gómez y Laura Lozano el día de su boda el 9 de septiembre de 1954. Fotografía de Reportajes fotográficos Martínez (Patraix)

En 1954 contrae matrimonio con Laura Lozano Sánchez con quien tendrá cuatro hijos: Vicente (1955), Josep-Marí (1957), Laura (1961) y Carmen (1965). El segundo de ellos seguirá la estela de su padre y estudiará también Bellas Artes, aprendiendo desde joven el oficio en su taller. Fruto de este aprendizaje fue su colaboración en bastantes obras de su padre a partir de los primeros años de la década de los setenta. Abandonado el hogar de sus padres en Patraix y recién casado, Vicente Gómez y su mujer se mudaron al céntrico barrio del Pilar en Ciutat Vella para comenzar su nueva vida en común. Habían alquilado un piso en la antigua calle de la Encarnación 8 (actual Lope de Rueda) y en él nacieron sus dos primeros hijos.

Tras la disolución del grupo [Los Siete], Gómez inició un viaje alrededor de las ciudades españolas hasta residir en Madrid, durante una breve temporada, con la pretensión de estudiar las obras del museo de El Prado y los artistas más conocidos. Con los conceptos y las ideas aprendidas en Madrid, volvió a Valencia donde empezó un período productivo de una clase de obras más comerciales, en palabras del propio pintor obras alimenticias, junto a otras pinturas más personales15. Como el mismo pintor relata: […] una vez pasada la post-carrera, se imponía una visión más personal de mi quehacer artístico. Creí conveniente conocer España y realicé un largo viaje por ella. Me quedé en Madrid con el fin de estudiar en los museos y ver en cuanto a los pintores de aquel momento iban aportando a las nuevas ideas16. Y en Madrid contactó con algunos estudios de decoración y de cine, en este caso con la idea de realizar fondos y decorados para películas. Concretamente en abril-mayo de 1952, colaboró temporalmente en el estudio de decoración “Romley” de Manuel María Gómez Comes17. Y, finalmente –continúa–: Decidí regresar para empezar a trabajar en mi estudio con las ideas y conceptos que había adquirido –vamos a decirlo así– en mi etapa madrileña.

La experiencia vivida con sus compañeros y amigos de “Los Siete”, le enseñó a trabajar conceptos, objetos y proyectos de forma consensuada y organizada. Desde este colectivo, su nombre adquirió una cierta popularidad entre el público asiduo y los cronistas culturales de los diferentes medios de comunicación de la ciudad. Gracias a los antiguos contactos establecidos entre la formación de “Los Siete” y la Sala Braulio, la propietaria de la sala, Vicenta Braulio, organizó la primera exhibición individual de Vicente Gómez, entre el 1 y el 12 de abril de 195918.

De temperamento apasionado y bondadoso, y poco dado a los negocios, ya casado y (por lo menos) con su primer hijo muy pequeño (seguramente pasada la mitad de la década de los años 50) se asoció con un individuo con el que formó una sociedad. Desgraciadamente, al cabo de un cierto tiempo, su socio desapareció dejándole en la estacada con todas las deudas contraídas. Gracias a la ayuda de su cuñado José Camarena Palomares, que se prestó a pagarle las deudas, no fue a la cárcel donde hubiera acabado, de no ser por la mediación familiar de su hermana Marina, que convenció a su marido para que le ayudara. Este duro golpe le marcó profundamente dejándole un sabor tan amargo, que prefería no hablar nunca de esta aventura. Fue entonces cuando acuciado por las deudas tuvo que ponerse de fogonero en un horno de cerámica. Allí pasaba largas noches tirando leña al horno para que no cesara de funcionar, con lo que el descanso se reducía a lo mínimo para poder subsistir, ya que a la mañana siguiente también tenía que ir a trabajar. En aquella época de penuria económica para la mayor parte de la población, intentar vivir de la pintura era un sueño prácticamente imposible de realizar, así es que nuestro artista lo único que pudo conseguir en aquel momento fue pintar sobre azulejos el mediocre typical spanish de toreros, bailaoras de flamenco, quijotes, etc., con los que poder llevar un sueldo a su casa.

Después de vivir unos años en la calle de la Encarnación, hacia finales de los años 50, Vicente Gómez y su familia deciden mudarse a una vivienda de la calle Cuba nº 34 en el popular barrio de Ruzafa. Se trata de una finca construida a finales del siglo XIX en la que su esposa, Laura Lozano, tenía un piso que había recibido por herencia de sus padres que lo adquirieron en 1922. En este domicilio el pintor tuvo prácticamente sin interrupción su estudio o taller de pintura hasta el año 1984 en que lo trasladó a la vivienda en que entonces residía en la calle Zapadores. Evidentemente, al principio de establecerse en la calle Cuba con su familia, el estudio era muy precario pues, además de residir el matrimonio y sus dos hijos varones, en este domicilio nació su primera hija Laura, en 1961.

Fue a partir de la década de los sesenta cuando la tímida apertura del régimen franquista y la mejora de la economía permitió desarrollar la actividad artística prácticamente aletargada hasta entonces. En esta coyuntura, las tiendas de decoración y de muebles junto con numerosos hoteles y locales de ocio construidos por el boom turístico en distintas ciudades españolas, demandaron un gran consumo de objetos decorativos, especialmente cuadros y láminas con las que adornar las nuevas estancias. Fue entonces cuando Gómez García tuvo numerosos encargos de “pintura comercial”, bodegones, flores, paisajes, marinas, escenas de caza con figuras, pintura costumbrista en general, que le proporcionó un buen conocimiento del oficio de pintor. En efecto, desde mediados de la década de los sesenta la demanda de pintura comercial se desarrolló regularmente hasta finales de los años setenta, momento a partir del cual comenzaron a reducirse rápidamente los encargos hasta llegar a ser mínimos en los inicios de la década siguiente. Fue una época dorada para la pintura de cuadros comerciales que duró poco más de 15 años, en la que Vicente Gómez supo aprovechar el momento al contar, desde el comienzo de los años sesenta, con la ayuda de su sobrina Marina Camarena Gómez, que le ayudó por espacio de 10 años, aproximadamente, en las diversas tareas relacionadas con la pintura comercial. Marina, que tenía facilidad para el dibujo y la pintura, no solo le llevaba la contabilidad y le ayudaba a embalar y preparar los lienzos para su transporte, sino que también le pasaba el dibujo al lienzo con el estarcido, e incluso le llegaba a “manchar” o abocetar cuadros para que su tío los acabara. Y aunque su sobrina dejó de trabajar con Vicente con el cambio de década, a inicios de los años setenta se incorporó su hijo Josep-Marí, aficionado a la pintura, que le ayudó a realizar los pedidos comerciales que recibía su padre, pues desde mediados de esa década ya pintaba él solo cuadros como Vicente. La demanda de pintura comercial era solicitada por numerosos clientes, comerciantes y marchantes de distintas ciudades españolas y algunas extranjeras: Sevilla, Málaga, Badajoz, Valladolid, Salamanca, Zaragoza, Vitoria, Terrassa, Barcelona, Palma de Mallorca, etc., pero también Munich (La Belle Maison), Estados Unidos y Canadá, y ya al final del período Alcoy (Copart). En 1962 después de realizar bocetos, estudios de conjunto y de detalles, pintó varios murales en establecimientos hoteleros y locales privados en Valencia, Cullera y Mallorca.

Gracias a la bonanza económica que la nueva década proporcionó a nuestro pintor, hacia mediados de los años sesenta Gómez García y su familia se establecieron en una vivienda que habían comprado en la avenida Ausiàs March nº 13, en donde nació su última hija, Carmen, con lo que la vivienda de la calle Cuba se trasformó en el taller donde ejerció su profesión. Desde esta fecha y hasta 1983 estuvo trabajando ininterrumpidamente en este estudio, que abandonó para que pudiera establecerse su hija mayor Laura que entonces se había independizado. Casada al poco tiempo, se estableció con su marido en esta vivienda en donde nació su hija. En 1968, entre el 4 y el 15 de noviembre, expuso 14 lienzos en la Sala Mateu sita en la calle Pintor Sorolla nº 5 de Valencia, con una favorable crítica en los diarios locales.

Página nº 4 del Registro de entregas (y devoluciones) de los cuadros comerciales pintados por Vicente Gómez desde octubre de 1968 hasta abril de 1969, anotados por su sobrina Marina Camarena Gómez

A finales de la década de los años sesenta, compaginando los encargos de pintura de género comercial, Vicente Gómez se inscribió en las sesiones de dibujo y pintura que el Círculo de Bellas Artes de Valencia presentaba a los artistas que querían estudiar el desnudo del natural. En estas aulas perfeccionará su conocimiento de la figura femenina representada en la modelo “Valkiria”, a la que dibujó y pintó en numerosas ocasiones, y del que quedan unas pocas obras. Durante la primera mitad de la década de los setenta Vicente Gómez realizó tres exposiciones consecutivas en la Sala Xiner de la Calle Serranos 8 de Valencia, la primera desde el 11 al 24 de noviembre de 1972, la segunda desde el 22 de octubre hasta el 5 de noviembre de 1973 y la última tuvo lugar entre el 13 de febrero y el 4 de marzo de 1975. La primera edición fue rodeada por una alentadora literatura, a través del testimonio de un montón de crónicas artísticas (provenientes de la radio y de la prensa escrita)19. La prensa escrita (y también la radio en la exposición de 1973) dieron cuenta de las otras dos exposiciones realizadas en Xiner y los comentarios y críticas aparecidos en estos medios de comunicación fueron en general bastante positivos con la obra de nuestro pintor.

En esta época los numerosos encargos de pintura comercial permitieron a Vicente Gómez y a su familia hacer el último cambio domiciliario, mudándose hacia 1971 a la calle de Zapadores nº 56, su último lugar de residencia que, a partir de 1984, durante casi una década, fue también su estudio de pintura. En esta vivienda se arregló una habitación grande y bien iluminada como taller20, y le dejó su estudio de la calle Cuba a su hija mayor Laura para que viviera con su familia. Una vez que la familia de su hija se trasladó a su nueva casa en 1993 abandonando la vivienda que le había cedido su padre, Gómez García volvió a su antiguo taller de la calle Cuba donde permaneció hasta 2005, año en que decidió volver al estudio de Zapadores, no volviendo ya a su anterior taller de la calle Cuba porque la edad y el cansancio no le permitían ir y volver cada día de un lugar a otro. Desde diciembre del año 2002 (por lo menos) nuestro pintor habilitó la habitación de estudio de su casa de Zapadores como sala de exposición de sus obras abstractas y sus “pictoesculturas”, tal como se puede observar en las distintas secuencias fotográficas realizadas desde esa fecha. Seguramente, al mismo tiempo (hacia el año 2002, aproximadamente), cuando ya había vuelto a su taller de Ruzafa al haberlo abandonado la familia de su hija, se instaló un nuevo estudio en Zapadores que utilizaba en algunas ocasiones, cuando su estado de salud o el mal tiempo le impedían ir al taller de la calle Cuba. En este caso, el nuevo estudio de pintura lo situó con vista a la calle Zapadores, en la parte de la casa opuesta al anterior estudio. Finalmente, cuando volvió definitivamente a pintar a Zapadores y dejó de acudir al taller de Ruzafa (a partir de 2005) siguió utilizando este nuevo estudio como taller de pintura y como sala de exposiciones la habitación que había habilitado para ello hacía unos años.

Vicente Gómez García ca. 1975. Fotografía de Vicente Gómez Lozano

Aunque su actividad docente fue escasa, pues no consideraba la docencia como una meta a alcanzar y, además, le quitaba tiempo a la práctica de la pintura, al inicio de la década de los setenta (desde enero de 1970 hasta septiembre de 1972) tuvo la oportunidad de trabajar como Profesor Encargado del Curso en la asignatura de Dibujo Artístico en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valencia21. Entre el 2 y el 15 de febrero de 1976 Vicente Gómez realizó una exposición en la Galería Toscana, sita en la calle Cirilo Amorós nº 55, que tuvo una discreta acogida entre la crítica del momento.

La educación siempre fue muy importante para él y, especialmente, la educación de sus hijos que él cuidó de manera especial durante su infancia y adolescencia. Aunque la pintura era su gran pasión, en más de una ocasión afirmó que aún le agradaba más la música, quizá por el recuerdo de su padre que trabajaba en un taller donde la música y los instrumentos musicales –acordeones y armónicas no faltaban en su casa– eran bien presentes.

El matrimonio Gómez García-Lozano Sánchez con sus cuatro hijos en una fotografía de 1976 extraída del Libro de Familia. Fotografía anónima

La consulta del libro La ciutat de València. Síntesi d’Història i de Geografía urbana escrito por Manuel Sanchis Guarner y sobre todo los comentarios, reflexiones y análisis que realizaban padre e hijo pintores sobre la evolución y etapas en el desarrollo de Valencia, contribuyeron notablemente a crear en Vicente Gómez la idea de hacer una representación e investigación plástica de la ciudad. Fue así como surgió el planteamiento de llevar a cabo una visión completa de Valencia desde la torre campanario del Miquelet, que recogiera toda la visión de la ciudad como no se había hecho hasta ahora.

Acabada su tesina, que desarrollaba esta investigación plástica sobre Valencia, con la que obtuvo el título de Licenciado en Bellas Artes, y aprovechando la conmemoración del VI centenario del comienzo de las obras de la torre campanario del Micalet, presentó en noviembre de 1981 en el Museo de Bellas Artes de Valencia la exposición titulada Valencia. Desarrollo de una investigación estética, organizada por el Ministerio de Cultura, el Museo de Bellas Artes de Valencia y la Real Academia de San Carlos de Valencia, que tuvo su continuación en febrero de 1982 en la Sala Testar del Ayuntamiento de Paterna (Valencia).

Fotografía anónima de la inauguración de la exposición en el Museo de Bellas Artes de Valencia el día 4 de noviembre de 1981. De izquierda a derecha mujer no identificada, Felipe María Garín Ortiz de Taranco, Santiago Rodríguez García, José Esteve Edo, Felipe Vicente Garín Llombart, Francisco Lozano Sanchis, Fernando Chueca Goitia, Vicente Gómez García y hombre no identificado

Gómez García contó con la ayuda de sus dos hijos varones y de su yerno, que le ayudaron en la realización de sus actividades artísticas, según sus respectivas habilidades. A la colaboración de su hijo Josep-Marí, que en algunos períodos de su producción pictórica le ayudó a pintar un buen número de cuadros, hay que añadir la de su hijo primogénito, Vicente, que desde muy joven se aficionó a la fotografía, actividad en la que consiguió un dominio y una experiencia muy sólida. Él ha sido desde inicios de los años 70 el autor de todas las fotografías que su padre utilizó en su pintura. Después de comentarle lo que quería, su hijo Vicente valoraba cuál era la mejor iluminación del día, el punto de vista o el enfoque que convenía hacer, de manera que desde sus inicios su visión fotográfica ha marcado inexorablemente la visión pictórica de su padre, sin cuya colaboración no habría podido hacer una parte de su trayectoria artística. Finalmente, su yerno Rafael Sánchez Grandía le ayudó a concretar conceptos e ideas, a intercambiar opiniones y a compartir y transcribir verbalmente sus criterios e inquietudes artísticas en forma de reflexiones.

La difusión que desde el inicio de la década de los setenta tuvo el denominado “hiperrealismo español” encarnado en la figura señera de Antonio López García, propició que Vicente Gómez acompañado de su hijo Josep-Marí visitaran la exposición que el célebre pintor de Tomelloso estaba realizando desde el 10 de mayo hasta el 30 de junio de 1985 en el Museo de Albacete organizada por la Fundación Juan March. La impresión que la exhibición causó en Gómez García le llevó a realizar durante varios años una serie de obras realistas (que en cierta forma podíamos decir hiperrealistas), algunas de ellas a la manera del trampantojo.

A pesar de ser un pintor de temperamento artístico apasionado, de idea y plasmación más bien rápida, también era un hombre muy metódico en aquellos trabajos que prefería elaborarlos paulatinamente para ver y experimentar su evolución. Sírvanos de ejemplo, como botón de muestra, la serie de dibujos, estarcidos, bocetos y cuadros que realizó en este período de tiempo con carácter realista sobre bodegones con cuadros y objetos de pintura en el estudio de Zapadores.

Fotografía de hacia 1990 donde vemos a Vicente Gómez en su taller de la calle Zapadores acabando el cuadro Bodegón con superposición geométrica. Fotografía de Vicente Gómez Lozano

Tras más de 30 años compaginando la pintura de encargo comercial o “alimenticia” con sus obras artísticas de creación personal, Vicente Gómez se jubiló en 1991, y con ello cesó toda su actividad pictórica destinada a conseguir dinero para vivir. A partir de ese momento se dedicó exclusivamente a su pintura creativa, que desarrolló por espacio de 21 años hasta que falleció.

En 1996 participó en la exposición La pintura valenciana desde la posguerra hasta el grupo Parpalló (1939-1956), celebrada entre febrero y mayo de ese año en la Sala Parpalló del Centre Cultural La Beneficència de la Diputación de Valencia. La muestra fue comisariada por el mismo director del centro, Manuel Muñoz Ibáñez, y en ella Vicente Gómez presentó el Retrato de su abuela de 1952, que en el catálogo llevaba por título Retrato.

Vicente Gómez y Javier Martí, Director del Museu d’Història de València, en el momento de la presentación de la exposición en el citado museo el 7 de octubre de 2008. Fotografía de Josep Manel Vert

Su fascinación por la representación geométrica tanto plana como espacial puede constatarse fehacientemente tanto en los diversos libros que tenía sobre geometría, y en los numerosos compases, reglas, escuadras, y transportadores de ángulos que guardaba en su casa y en su estudio, como, sobre todo, en las reflexiones que el mismo pintor realizó en la presentación de su exposición en el Museo de Historia de Valencia el 7 de octubre de 2008. Un interés persistente por la geometría que no dejará nunca de utilizar en su pintura desde los últimos años de la década de los setenta hasta su muerte en 2012.

Tras la exposición del Museo de Bellas Artes de Valencia (1981) y su continuación en Paterna (1982), y después de realizar varias obras sobre Valencia, nuestro pintor retoma nuevamente en 2003 el paisaje urbano de su ciudad natal, tan querido por él, y presenta una nueva visión de Valencia, una representación panorámica completa de la ciudad de 360º. La Valencia del tercer milenio, denominada en aquel momento València 25 anys després: la València de la Copa d’Amèrica, fue cedida por espacio de casi década y media a la Delegación del Gobierno, siendo exhibida desde 2004 (año en que se realizó la cesión), algo menos de la mitad de ese tiempo en el claustro superior del Palacio del Temple.

Fotografía realizada por el fotógrafo Pedro Hernández el 7 de octubre de 2008 con el artista situado sobre el cartel de la exposición València 1978-2008. Una visió personal de Vicente Gómez García, del Museu d’Història de València

Tímido y dubitativo, su modestia y sencillez le hacían encontrarse cómodo enclaustrado en su estudio y con su familia, recluido en el anonimato y apartado de los convencionalismos de las relaciones sociales. Pensaba erróneamente que la trayectoria artística de un pintor honesto y riguroso, tras muchos años de dedicación, por si misma, sería en cierta forma reconocida por la sociedad sin necesidad de recurrir a los circuitos galerísticos, mercantiles e institucionales. Al comprobar en su última época que esto no era así, la decepción y la melancolía le embargaron su espíritu hasta que, finalmente, consiguió celebrar su última exposición en 2008 en el Museu d’Història de València, con la que consiguió atenuar ese estado anímico.

Seguramente, en su alejamiento de la vida pública jugó un papel importante la poca consideración que tuvo en general su pintura y su trabajo a lo largo de su vida. Sobre este tema Vicente Gómez contaba con ironía a sus hijos una anécdota significativa que le ocurrió cuando tuvo que hacerle un encargo a un carpintero, y este, sin venir a cuento, le espetó: senyor Gómez, quant que es treballa per no treballar22, en el sentido de cuantas cosas hará usted por no tener una trabajo como “Dios manda”. De carácter escrupuloso y obsesivo, su pasión por la pintura y el trabajo que a ella le dedicaba, le hacía no tener prácticamente vacaciones e ir a trabajar sábados, domingos y festivos. Y cuando se le preguntaba el porqué de no tener vacaciones respondía: los que se van de vacaciones cuando vuelven al trabajo, se deprimen. Yo, en cambio, como no las hago, no me deprimo. Era una obsesión que le acompañó prácticamente hasta sus últimos días mientras los achaques de la vejez se lo permitieron.

Su última exposición individual tuvo lugar entre el 7 de octubre y el 30 de noviembre de 2008 en el Museu d’Història de València en Mislata, donde inauguró una exposición antológica sobre Valencia, su ciudad, a la que ha retratado y estudiado perseverantemente durante más de 30 años. Esta exposición, titulada València (1978-2008). Una visió personal. Vicente Gómez García, supuso una muestra completa de la obra que el pintor ha realizado sobre la temática urbana de Valencia desde sus primeros trabajos al inicio de la década de los cincuenta hasta sus últimas creaciones de 2008.

Vicente Gómez con parte de su última obra en la sala de exposición de su domicilio de la calle Zapadores nº 56. Fotografía de Felip González Martínez, 2009

Finalmente, en 2010 participó en la exposición colectiva Mundos para un mundo. Artistas por el desarrollo, organizada por la Fundación Mainel y celebrada en la Sala de Exposiciones del Palau de la Música i Congressos de Valencia entre el 21 de septiembre y el 3 de octubre de ese año. Los comisarios fueron Jorge Sebastián e Inmaculada Zarranz y en esta ocasión el pintor presentó la versión final de su obra Abstracción geométrica s.II-4, 1998-2002/2009-2011, aunque en el catálogo fue denominada Sin Título (S/T) y su datación 2008.

Recluido en su estudio de Zapadores desde 2008 hasta 2012, guiado por su continuo perfeccionismo, siguió trabajando hasta prácticamente el final de sus días en sus pinturas y en alguna de las denominadas “pictoesculturas”, con la idea de mejorarlas insistiendo una y otra vez hasta conseguir el resultado deseado por él.

Toda su vida fue una perseverante carrera de superación y perfeccionamiento de sí mismo, y por ello no resulta extraño que algunas de sus obras no las diera por acabadas nunca y las volviera a retocar en distintas ocasiones23 a lo largo del tiempo, especialmente en sus últimas décadas, lo que en algunos casos ha hecho difícil poder localizar, o incluso dar por perdido, alguno de sus cuadros por sus continuas transformaciones. Viendo que ya no podía “superarse” en su experiencia artística, viejo, cansado y sin fuerzas para continuar con la pasión de su vida (la pintura), su corazón se apagó mientras dormía la madrugada del 26 de marzo de 2012. Murió a los 86 años de edad, tras una vida de más de 60 años consagrada al oficio de pintor y después de dejar tras de sí una considerable obra, a la espera de una merecida difusión y reconocimiento del que apenas disfrutó en vida.

NOTAS DEL AUTOR

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1. Según se desprende de la información facilitada por Mari Carmen Valero Gómez y Marina Camarena Gómez, sobrinas de Vicente Gómez García.

2. Señalada en rojo y rodeada con un círculo del mismo color se encuentra la casa en la que nació Vicente Gómez en 1926. Destacado en amarillo el Palacio de Pontons. El mapa ha sido extraído de LLOPIS ALONSO, Amando – VTIM arqtes. y PERDIGÓN FERNÁNDEZ, Luis, Cartografía Histórica de la Ciudad de Valencia, ed. Universitat Politècnica de València, 2010.

3. La casa natalicia del artista debió de ser el primer piso de la finca pequeña de la derecha, el nº 6 de la actual calle Enrique Olmos, travesía de la calle Maestre Bellver y paralela a la avenida de Tres Forques.

4. De las 16 notas correspondientes a los cuatro primeros cursos, cuatro por cada curso (Preparatorio, Primero, Segundo y Tercero), se han conservado 14, 12 de las cuales son “aprobados” y 2 “notables”. El Quinto curso, “Profesorado”, tenía como misión preparar al alumno para dar clases de Dibujo, y era condición necesaria cursarlo para poder dedicarse a la Enseñanza. En esta disciplina Gómez García obtuvo, por el contrario, la calificación de sobresaliente, siendo precisamente la asignatura la única [sic] que capacita para la enseñanza de Bellas Artes y del Dibujo Industrial (certificado expedido por Mª del Rosario García Gómez, Catedrática de Pedagogía del Dibujo de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia a petición del interesado el 5 de junio de 1952). Esta misma profesora certificó una semana después (el 11 de junio de 1952) que nuestro pintor fue el único representante de los Graduados y Titulares del Profesorado de Dibujo de las cuatro Escuelas de Bellas Artes de España […] en la SEGUNDA Asamblea Nacional de Graduados del SEU que se celebró en Madrid durante el mes de Abril de 1952; llevando la ponencia oficial y siendo su labor muy meritoria y eficaz. No deja de ser curioso que, pese a la supuesta capacidad suya para la docencia, no haya querido dedicarse a esta profesión.

5. Dos certificados de Prácticas de la Enseñanza del Dibujo expedidos por Mª Rosario García Gómez de 7 de junio de 1952, dos del director del colegio Academia Boix de 9 de junio de 1952 y dos más del director del Colegio Hispano de 11 de junio de 1952.

6. Dos certificados de Prácticas de la Enseñanza del Dibujo expedidos por Mª Rosario García Gómez de 10 de junio de 1950 y de 9 de junio de 1950, y dos por el director del Colegio Hispano de 2 de junio de 1950.

7. Resguardo de matrícula del curso 1952-1953 de la asignatura de “Restauración de Pintura de 1º curso” expedido en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos de Valencia el 4 de octubre de 1952.

8. Certificado rubricado por el catedrático de restauración Luis Roig d’Alós, supuestamente ya finalizado el curso académico, aunque la fecha que aparece en el texto es el 9 de junio de 1952, seguramente un error de copia pues el año real de su expedición debe de ser 1953. En el citado documento el profesor hace constar que Don Vicente Gómez García que fue alumno del citado Centro Superior y discípulo mío, ha sido uno de mis colaboradores en los trabajos oficiales y particulares y en las restauraciones de pintura.

9. Resguardo del pago (del examen de ingreso) como alumno del curso 1952-1953 en la/s asignatura/s siguiente/s: “Ingreso” en la Escuela Práctica de Cerámica de Manises expedido el 30 de septiembre de 1952; documento del “Examen de Ingreso” en la Escuela Práctica de Cerámica de Manises donde se especifica que Vicente Gómez García Ha sido examinado y admitido [como alumno] hoy 30 de septiembre de 1952; y resguardo del pago de matrícula como alumno del curso 1952-1953 en las asignaturas de “Cultura General” y “Preparación elemental de Cerámica” en la Escuela Práctica de Cerámica de Manises emitido el 2 de octubre de 1952.

10. En su archivo personal se conserva el libro de SALMANG, Hermann, Los fundamentos físicos y químicos de la cerámica, editorial Reverté, 1955, Barcelona, y dos hojas de apuntes suyos de cerámica que reflejan su interés por esta disciplina.

11. Entre los muchos folletos de las diversas galerías de arte, salas de exposiciones y catálogos conservados en su archivo personal se encuentra el Catálogo de la Primera Exposición Bienal de Arte del Reino de Valencia, Valencia, julio de 1951, promovida por el Instituto Iberoamericano, que él visitó cuando estudiaba en la Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia.

12. Según relata Vicente Gómez en la entrevista realizada por Felip González para su tesis doctoral, que se puede escuchar en internet y es de libre acceso:

13. En el archivo de Vicente Gómez hay un certificado rubricado el 9 de mayo de 1952 por Vicente López Rosat, Jefe del S.E.U. del Distrito Universitario de Valencia, donde se especifica que en el curso pasado [en 1951] le fue concedida una ampliación de estudios en la Universidad de París, como mérito a las excelentes notas académicas.

14. Extraído de la entrevista realizada por Felip González a Vicente Gómez para su tesis doctoral en Internet:

15. GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Felip, La incidència de l’agrupació artística d’Els Set (1948-1954) en les primeres petjades de l’art modern valencià del Primer Franquisme, Tesis doctoral presentada en la Universitat Politècnica de València en octubre de 2015, Facultat de Belles Arts (Departament d’Escultura), p. 312 (traducción nuestra al castellano del original en valenciano de Felip González). Puede encontrarse aquí: https://riunet.upv.es/handle/10251/61442. Anteriormente, en julio de 2011, fue publicada en Valencia su tesina en formato de libro con el título de La incidència de l’agrupació artística d’Els Set en les primeres petjades de l’art modern valencià. UPV.

16. Fragmento del texto escrito por el crítico y también pintor José Gassent Peris (1919-1979) “De mi entrevista con José Gassent en Radio Valencia”, ca. 1973.

17. En su archivo personal Gómez García conserva un certificado rubricado por el periodista, ilustrador y decorador Manuel María Gómez Comes, “Romley” en el que indica que nuestro artista ha prestado sus servicios técnicos en este estudio en diferentes ocasiones demostrando cumplidamente sus amplias aptitudes y conocimientos. A 3 de mayo (sábado) de 1952, en su estudio del Paseo de la Castellana nº 13 de Madrid.

18. GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Felip, La incidència de l’agrupació artística d’Els Set (1948-1954) en les primeres petjades de l’art modern valencià del Primer Franquisme, p. 313.

19. GONZÁLEZ MARTÍNEZ, Felip, La incidència de l’agrupació artística d’Els Set…, cit., p. 314.

20. La serie de lienzos Bodegón con cuadro en el estudio de Zapadores, ca. 1989, las tres pruebas inacabadas del mismo año (Bodegón con objetos… y punto de vista bajo, Bodegón con objetos… y paleta, y Bodegón con objetos… y ventana), Bodegón con objetos de pintura en el estudio de Zapadores, ca. 1989 y Trampantojo con cuadros de bodegón en el estudio de Zapadores, ca. 1990, así como los dibujos y estarcidos preparatorios de dichos cuadros fueron realizados en este taller, puesto que los tres cuadros acabados, uno inconcluso y más de un tercio de los dibujos y estarcidos representan el fondo con la ventana y la cinta de persiana de esta habitación recayente al antiguo cuartel de ingenieros.

21. Certificado de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Valencia en la que se hace constar que D. Vicente Gómez García prestó sus servicios en esta Escuela como Profesor Encargado de Curso de la asignatura de Dibujo Artístico durante el período de tiempo comprendido entre el 1º de noviembre de 1.970 hasta el 30 de septiembre de 1.972 y con Nº de Registro Personal CO8EC82. Expedido a petición del interesado en Valencia a 28 de junio de 1988.

22. “Señor Gómez, cuánto se trabaja por no trabajar”.

23. Sobre ese afán de perfeccionismo que le hacía retocar sus cuadros incluso cuando ya los había dado por acabados, es bastante elocuente el episodio que tuvo lugar el día de la inauguración de su exposición en la Galería Toscana de Valencia en 1976. Después de montar la exposición y ver cómo quedaban los cuadros sobre las paredes de la sala, vio con tristeza que algunos de los lienzos expuestos no le acababan de agradar. Tras cerrar la galería sus puertas al público, se llevó esos cuadros a su estudio, y durante toda la noche estuvo retocándolos y mejorándolos para volver a colgarlos al día siguiente, una vez ya eran de su agrado, o por lo menos mejor que como estaban antes.